Vivir al máximo antes de los treinta años

Recientemente leí en el facebook de un compañero la siguiente frase: “Sí, quiero vivir al máximo y no, no quiero cumplir treinta años”. Este chico, muy inteligente, por cierto, es de esos tipos que todos sabemos no llegarán a viejos. Drogas, alcohol, fiestas desenfrenadas… realmente no sé en qué tantas ondas raras esté metido y no quiero saberlo. Es su vida y él puede hacer con ella lo que le plazca.

Sin embargo, su comentario me ha hecho pensar en muchas otras personas que me han dicho que no quisieran llegar a ser viejos. “Yo prefiero, dicen, vivir intensamente”. ¿Vivir intensamente se opone a llegar a viejo? ¿La intensidad de la vida de uno es inversamente proporcional a los años vividos?

Entiendo que lo de las drogas, el sexo desenfrenado y sin protección, el alcohol y todas esas joyitas sea para muchos la definición de vivir intensamente, pero si lo que quieren es probar de todo, entonces ese comportamiento y esa actitud (sobretodo esa actitud) los privará de muchas otras que cosas que no alcanzarán a probar. Tal vez esas otras cosas son demasiado cursis o aburridas para ellos, pero, a mi parecer, hacen la vida incluso más intensa.

Me parece un poco triste que tanta gente vea con tantísimo miedo la vejez (y ni siqueira la vejez, porque cumplir treinta años no es ni de lejos ser viejo) y prefieran privarse de lo más fantástico que nos ofrece el universo: la vida.

En el mismo tenor, un amigo me comentó que si él quedara discapacitado de alguna manera (sordo, mudo, cojo), preferiría morir. ¿Por qué? ¿Porque entonces no podría vivir intensamente?

Si yo me quedo mudo o sordo, tendré una excusa para hablar todos los días en Lengua de Señas (idiomas hermosos que tengo la intención de aprender de cualquier manera); si me quedo ciego, aprenderé a leer braile y nada me impedirá que me desarrollé intelecualmente; si de pronto ya no pudiera moverme de la cintura para abajo, usaría una silla de ruedas (que por cierto es divertidísimo, por si nunca se han sentado en una de ellas).

Yo quiero vivir intensamente y quiero cumplir ciento veinte años.

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[ʧiŋ·’ga·ða·’ma·dre]

(Cerca de febrero del 2009)

Un cigarrillo.

Y así se acaba tu buena racha. Tres meses y ocho días sin fumar: cabalístico. ¿Y ahora? ¿Quieres con eso borrar su aroma? Te gusta, ¿no? ¿El aroma de su distancia?

Pues sí, y qué.

El segundo cigarrillo iba cargado de nicotina y odio.

El tercer cigarrillo iba cargado de nicotina y rencor.

El cuarto cigarrillo iba cargado de nicotina y recuerdos.

El quinto cigarrillo iba cargado de nicotina y lágrimas.

El sexto cigarrillo ya ni siquiera tenía nicotina, ¡yey!

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Leonardo y sus Leonardos

Un poco de pornografía casera

Me llamo Leonardo, tengo 21 años y me gustan las matemáticas. Estudio Lingüística y de vez en cuando escribo porque alguien me dijo que soy bueno y, ya que no tenía nada mejor que hacer, me lo creí.

Mis intentos frustrados de blog anteriores se han ido acumulando y suman hoy en día una buena docena, pero yo, terco como nadie, decidí que ya era hora de crear uno nuevo. Supongo que no le hace daño a nadie, excepto a mi imagen pública, ya que basura en internet hay tanta que un par de abandonados blogs leonardosos nadie los notará.

Por este medio puedes conocerme; y si ya me conoces, puedes conocerme un poco más. Trataré (como he tratado sin éxito) de ser un libro abierto para todo el mundo sin preocuparme demasiado por lo que puedan pensar de mí las personas que me conocen en la realidad. No es que tenga nada que ocultar, en realidad, pero en la primera entrada a todo el mundo le gusta hacerse el interesante.

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